Hay personas que marcan la vida de uno para siempre. Cuando llegan abren todo un infinito de posibilidades ante tus ojos y te muestran la manera de alcanzar tus sueños. Esos artífices del futuro tienen como herramientas tizas, pizarra y un deseo inmenso de enseñar. Tienen muchos nombres, pero sin dudas prefieren ser llamados “Profes”.
A lo largo de mi vida como estudiante tuve la oportunidad de aprender de excelentes profesores que me enseñaron algo más que las materias que abordaban. Nombres como Lilian, Yaneisi, Teo, Yamila, Abdiel, Orlando o Rubén vienen a mi memoria en una mezcla de emociones y buenos recuerdos difíciles de describir.
De ellos aprendí no solo Historia, Literatura, Arte, Estilo o Periodismo; aprendí a ser mejor persona y a descubrir la magia de las pequeñas cosas. A que no se necesitan grandes recursos ni elaborados conceptos para ofrecer una buena clase que motive a los estudiantes y les genere inquietudes y polémicas.
Para quienes se tienen que parar frente a un aula llena de estudiantes, cada turno de clases representa un reto y una aventura. Siempre estará el que se distrae con el vuelo de una bola de papel, el que tire la bola de papel y el que se pregunte cómo se calculará la trayectoria del proyectil.
Cada uno de ellos requiere un esfuerzo extra por parte del profesor para no quedarse por debajo pero tampoco parecer delante de sus estudiantes un jeroglífico indescifrable. Y eso solo se consigue cuando se respeta y se ama lo que se hace.
Desafortunadamente junto a esos profesores brillantes también encontramos ejemplares que asumen que deben apabullar a sus pupilos con su inteligencia desmedida y sus conceptos prefabricados. Los que asumen como ajena la tarea de enseñar a pensar, como pedía sabiamente un gran maestro y sacerdote, el Padre Félix Varela.
Pero un gran hombre, uno de los más sabios que ha dado esta isla, dijo alguna vez que solo los necios ven manchas en el sol y no su luz. Así que no vale la pena centrarse solo en quienes no tienen en valía y estima esta noble profesión.
Ser maestro va más allá de enseñar una materia. Implica que esas mentes que están en plena formación asimilen no solo contenidos sino que aprehendan valores, virtudes, lecciones que les impondrá la vida y que una ecuación no les ayudará a enfrentar.
Conozco no pocos profes que han conocido la dicha de la maternidad o paternidad en los cientos de alumnos que han tenido con el paso de los años precisamente porque entendieron que, como diría José de la Luz y Caballero, enseñar puede cualquiera, pero educar solo quien sea evangelio vivo.
En este día de fiesta, llegue a ellos todo el honor y el cariño recíproco por la labor que realizan, muchas veces sustituyendo la ausencia de padres y madres, cultivando no solo la mente sino también y sobre todo, el espíritu.











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