Desde hace no poco tiempo nuestros medios de comunicación y los alternativos como son las redes sociales, se hacen eco de la ocurrencia de accidentes de tránsito en nuestro país y el saldo humano que por lo general ocasionan.
Sin dudas un accidente de tránsito, todos y cada uno de ellos implica una fuerte carga de dolor, ya sean masivos o no estos siniestros, por las pérdidas de vidas humanas o por las serias afectaciones para la salud que causan también.
Precisamente esta alarma o temor pude sentirla en carne propia cuando en esta jornada fui testigo de la negligencia de muchos choferes en la vía. En un tramo relativamente corto estuve, como se dice en buen cubano, con el corazón en la boca, y le cuento...
Me trasladaba en un bici taxi y el primer susto lo viví cuando un camión de chapa estatal al parecer del sector de la construcción y cargado de obreros, invadió la senda contraria obligando al conductor del bici a lanzarse hacia la cuneta.
Pero la historia no acaba ahí, poca distancia después, en la intersección de dos arterias un auto violó la señal de Pare y frenó casi a media calle preferencial; y un poco más cerca de esta emisora un peatón se lanzó literalmente sin mirar a la calle provocando casi un accidente.
No creo se necesite mucha percepción para saber que estos hechos denotan irresponsabilidad, falta de disciplina e irrespeto a las normas de seguridad vial, donde lamentablemente carece la caballerosidad y prima la ley del más fuerte.
Por otra parte es una alarma en nuestra ciudad la existencia de un sin número de motos eléctricas conducidas por jóvenes casi niños diría yo, los que habitualmente circulan con audífonos y música puesta sin prestar la debida atención a la vía
Estadísticas mundiales reflejan que alrededor de 135 mil personas mueren al año por accidentes de tránsito, y en el caso específico de Cuba fallecen dos personas aproximadamente cada 24 horas por esa misma causa, por lo cual la labor de prevención es primordial.
Basta escuchar los comentarios o estar bien informados para determinar que la sociedad cubana sufre de un flagelo destructor de vidas y esperanzas.
Debemos partir de que la Ley 109, aprobada en el año 2011 por la Asamblea Nacional del Poder Popular, es una norma rigurosa para los conductores y en las medidas impuestas a los transgresores de la ley, pero se requiere de un adecuado uso de este instrumento jurídico y más que eso, de que por fin los choferes tengan conciencia de la enorme responsabilidad contraída al tomar el volante entre sus manos.
Más allá de repetir consignas, los accidentes no son tan accidentales.












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