Por más campañas subversivas que intenten desacreditar a los médicos cubanos, en las páginas de la solidaridad humana tienen desde hace décadas una historia de altruismo escrita a favor de los más humildes contada con la voz de la justicia.
A sabiendas de riesgos y sacrificios acuden siempre al llamado de salvar vidas, de socorrer a los más vulnerables en los más recónditos lugares y adversos escenarios, ofreciendo un servicio que se sustenta en el rigor científico, la ética, altos valores humanos y en un eficiente y reconocido sistema de emergencias ante catástrofes naturales y epidemias sin importar fronteras, credos, razas e ideologías.
Por eso no es casual que hoy cientos de médicos cubanos presten colaboración internacional en medio del azote del virus SARS CoV-2, responsable de la pandemia de la COVID-19.
La doctora Yadira Valdés Pupo integra ese grupo de profesionales de la salud. Ella ya se encontraba en Venezuela cuando el nuevo coronavirus se propagó con rapidez por todas las latitudes y cuenta como en ese hermano país son muy apreciadas las prácticas médicas cubanas ante emergencias sanitarias de este tipo: "En estos momentos me encuentro en Caracas, en el Centro Médico de Diagnóstico Integral de la Ciudadela de Sucre, donde presto servicios tanto en la pesquisa activa como en la consulta de respiratorio, que permanece abierta las 24 horas a disposición de la población en busca de posibles contagios y de cortar la cadena epidemiológica".
Esa joven holguinera especialista en Medicina General Integral y con experiencia en la atención intensivista conoce bien el valor de la consagración y esfuerzos que demanda su noble y milenario oficio pues en el 2005 integró la brigada Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve” para asistir a los damnificados por el terremoto en Pakistán en ese mismo año.
Ella, desde entonces, al igual que más de 37 mil galenos cubanos actualmente, porta la bandera de ayuda médica y humanitaria que se enarbola en unas 67 naciones. "Al ejército de batas blancas, como así nos llamó Fidel Castro, nos caracteriza siempre ese sentimiento de salvar vidas, de ayudar, de aportar conocimientos, de sentirte gratificado porque diste con el diagnóstico, eso supera cualquier temor, nos da fuerza, valor para enfrentar esta pandemia. Esa convicción nos distingue y es el sentir de muchos, (…) por lo cual somos admirados y nos sentimos muy orgullosos de portar esta bata blanca y habernos formado en Cuba".
Por más que Donald Trump intente deshonrar el principio de solidaridad y humanismo en el que se sustenta la colaboración internacional médica cubana, el desempeño de galenos como Yadira afianza la virtud y dignidad de los profesionales cubanos de la salud que con denuedo, alejados de la familia, se sobreponen a riegos y limitaciones materiales, a barreras idiomáticas, culturales, climáticas y hasta políticas.
Inaceptable es el cuestionamiento ético de los colaboradores cubanos, gracias a ellos más de seis millones de personas en América Latina y el Caribe han recuperado la visión desde 2004 a través de la Misión Milagro, recordemos su atención a más de un millón 700 mil pacientes afectados por el terremoto de Cachemira en Pakistán en 2005, su ayuda a damnificados por el devastador sismo en Haití y el brote de cólera en 2010, su apreciable apoyo al enfrentamiento y contención del ébola en África en 2014 o su asistencia clínica a los sectores más pobres de Brasil, Ecuador y Bolivia en los últimos años, por citar solo algunos testimonios que dan fe de su altruismo y profesionalidad.












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