Mucho estrés, incertidumbre y temor ha traído la COVID-19, además de los sentimientos propios que acarrea una enfermedad como esta que aumenta su contagio y con una letalidad que ha transitado del 1.9 por ciento en sus inicios hasta superar los 7.07 por cada cien personas que la contraen.
Pero paradójicamente también se aprecia que pese al saldo negativo evidente que ha dejado en todo el mundo, la percepción de riesgo no es la que debiera ser, pues las calles de la Ciudad cubana de los Parques continúan transitadas y parece a simple vista que no todos los que rompen el distanciamiento social lo hacen por causas de máxima urgencia y necesidad.
Me refiero a esto porque en momentos en que se ha anunciado que está por llegar la fase de mayor complejidad en el enfrentamiento al nuevo coronavirus, teniendo en cuenta que los resultados más recientes en el país presumen se adelantará el pico de la epidemia para la próxima semana es preciso intensificar la conciencia ciudadana, esa que no nos puede hacer bajar la guardia aunque en apariencia todo esté tranquilo, aunque contemos con un sistema de salud sólido que ha preparado sus recursos humanos y materiales para hacer frente a la pandemia o porque estén siendo efectivas las medidas adoptadas por el gobierno cubano.
Es cierto, si nos fijamos en el modelo predictivo del virus hasta el momento en nuestro país la cantidad de personas que han sido afectadas luego de haber transcurrido más de un mes y medio de iniciada la pandemia se corresponde con un favorable escenario de probabilidad, entiéndase que se ajusta con la parábola o curva menor, lo cual insisto no nos puede hacer confiar, ni ceder en las medidas higiénicas orientadas.
Me preocupa escuchar a algunos decir que días atrás permanecían aislados, sin relacionarse con sus vecinos y conocidos pero como en la provincia no han salido muchos casos en los últimos días han vuelto a salir a portales, terrazas y balcones y hasta consideran comenzar a frecuentar a amistades. Craso error en mi opinión, pues si se relajan las condiciones actuales todo puede cambiar y no para bien, dicho sea de paso, el comportamiento de la epidemia. No podemos pecar de ingenuos al creer que en materia de la COVID-19 lo peor ya pasó, bien advierte el Ministerio de Salud Pública que si no se adoptan las medidas del aislamiento social podríamos llegar a un escenario crítico.
No debemos olvidar que cuando este virus recién iniciaba su propagación en Europa, Italia orientó dos semanas de cuarentena y luego de ese tiempo muchos lo tomaron a la ligera, retomaron su vida normal y tan solo 15 días después miles de contagiados y muertos colapsaron los sistemas sanitarios y lo que resulta peor, incontables familias quedaron desgarradas por la pérdida de sus seres queridos. De la experiencia de este y otros países del primer mundo debe quedarnos la lección de prevenir hoy para no tener que lamentar mañana.












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