La rápida propagación del virus SARS CoV-2 ha dejado una huella global de dolor, incertidumbre y vulnerabilidad en apenas tres meses; un suceso sanitario con impacto en los sistemas de salud y económico por lo cual demanda un nuevo orden de prioridades en las agendas políticas.
En el caso de la provincia de Holguín enfrentar a la Covid-19 ha conllevado a esta región del Oriente cubano a implementar un plan gubernamental cada vez más coherente y operativo de medidas de prevención, control y regulación ante tan atípica emergencia epidemiológica con eficaz asistencia médica y adecuado manejo logístico de los recursos disponibles, que ha permitido hasta hoy la recuperación, aproximadamente, del 87 por ciento de los casos positivos y evolución estable de la mayoría de los que permanecen hospitalizados; además de la protección de los grupos etarios más vulnerables.
Ante tan inesperada emergencia autoridades políticas y administrativas han dado una respuesta coordinada y articulada basada en la fortaleza de la organización, cobertura y calidad de los servicios del sistema de salud cubano y la experiencia y acertado manejo de situaciones de desastres en el territorio por embates de eventos meteorológicos extremos en reiteradas ocasiones.
Indispensable en la contención del nuevo coronavirus ha sido la capacidad de esfuerzo colectivo, de cooperación y adaptación con sentido común y disciplina del pueblo que cumple con las medidas para prevenir y evitar su propagación, y participa con responsabilidad y expresión solidaria en múltiples tareas de apoyo dirigidas a su enfrentamiento desde todos los sectores de la sociedad.
Las restricciones para hacer frente a la pandemia han incidido de muchas maneras en la cotidianidad. Han impuesto una pausa en importantes actividades socio-económicas (educación y turismo, fundamentalmente) y un necesario pero prolongado confinamiento en los hogares sin precedentes que si bien propicia una mejor comunicación familiar también nos pone a prueba a nivel emocional y psicológico.
La presencia del nuevo coronavirus ha acrecentado el desabastecimiento en todos los órdenes y ha revelado la urgencia de la autonomía alimentaria a partir del desarrollo sostenible de la agricultura para depender cada vez menos de abastecimientos nacionales o de importaciones, que cuando fallan crean difíciles situaciones relacionadas con la satisfacción de las necesidades básicas de la población.
Las limitaciones en tan complejo contexto han conducido a una mayor combatividad ciudadana ante hechos de acaparamiento y corrupción que antes eran menos denunciados en detrimento del bien común y social. Ahora el pueblo asume una actitud cívica más comprometida con la protección de los recursos estatales, provechosos para todos.
La Covid-19 ha cambiado el modo de actuación social y nos muestra las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías para el teletrabajo sin necesidad de desplazamientos en ocasiones puntuales con importante ahorro de tiempo y recursos. A partir de sus enseñanzas podemos evaluar cuáles son las prioridades vitales que sustentan a la sociedad, cuántos beneficios aporta invertir en la ciencia, ser solidarios o proteger a la naturaleza.
Compete a todos, sin excepción, hacer frente a la Covid-19. La estadística de fallecidos y contagios demuestra que ningún modo de vida o ideología ha quedado al amparo en el planeta. Hay acontecimientos que no podemos cambiar, ni siquiera predecir, están fuera de nuestro control, pero siempre la actitud que adoptemos ante ellos marcará la diferencia.












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