Advertencia 1: Publicación no apta para fudamentalistas religiosos
Advertencia 2: En esta publicación se detesta la pedofilia
Advertencia 3: En esta publicación se respeta y apoya a las personas del movimiento LGBTIQ+
Si luego de esto decides seguir leyendo, hazlo hasta el final y encontrarás la respuesta a las advertencias.
No tengo educación cristiana, ni de ninguna otra religión. Crecí con un padre y una madre que su mayor acercamiento a Dios era invocarlo cuando perdían la paciencia. Como lectora voraz, La Biblia fue también uno de los libros que busqué, y ahí está, en coexistencia pacífica, con el Libro Tercero de los Gazapos y La novela de mi vida.
También crecí viendo los altares de mis abuelos a la Virgen de la Caridad y Santa Bárbara. No creo en Navidad, ni en los Reyes Magos. No puedo declararme totalmente atea, pues creo en la existencia de algo superior, llámese como se llame, que nos da fuerzas cuando no sabemos de dónde sacarlas. También creo en las enseñanzas aprendidas desde pequeña como el primer refrán que memoricé de mis padres: Haz bien y no mires a quién.
Ellos me enseñaron a tratar en igualdad de condiciones a cuanto ser humano vive sobre la faz de la tierra. Hasta un límite: el respeto, la tolerancia. El no violentar mi dignidad en favor de otro o cometer actos denigrantes en beneficio propio.
Me declaro feminista y bien. Supongo que nací así y en el camino le puse nombre a las cosas, y pude demostrar desde el estudio, la observación y el ejemplo, qué está bien y qué definitivamente está mal. ¿Qué si me falta por saber? Muchísimo; apenas soy aprendiz en estas lides. Pero algo sí tengo claro: El movimiento LGBTIQ+ nada y reitero NADA, tiene que ver con el MAP ((Minor-attracted person o Persona atraída por menores en español).
Es solo cuestión de leer un par de artículos serios en Internet para entender que esta comunidad denuncia a los pedófilos que desean ser reconocidos como otro género.
Y aquí llamo al sentido común: usted puede aceptarse como mujer, como hombre, como mujer en el cuerpo de un hombre, como hombre en el cuerpo de una mujer y el resto de las identidades de género reconocidas. Esto es permisible y es el derecho por el cual lucha el movimiento y que ya se ha ganado en algunas sociedades y se continúa exigiendo en otras.
Vuelvo a las enseñanzas de mi hogar y posteriores aprendizajes de vida. Todo es permisible sexualmente entre dos personas adultas, siempre que estén de acuerdo y establezcan entre ambas un consenso. Pero esto no sucede si un menor es la otra parte de la pareja. La ley así lo reconoce y esperemos que permanezca inamovible a nivel global.
El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud eliminó de la lista de enfermedades mentales a la homosexualidad. Un dato que a muchos le puede ser irrelevante o risible, a otros nos preocupa por qué se mantuvo en la lista hasta fecha tan avanzada en el siglo XX.
Ahora el MAP pretende hacer lo mismo. Sin detenerse a pensar que la pedofilia es un trastorno mental reconocido por la OMS y la pederastia es un delito de los más deleznables por el ser humano, que implica cárcel. Aquí no existe consenso, porque un niño no posee la capacidad de discernir entre lo que está bien o está mal, un adolescente no lo sabe, un menor de edad no lo tiene claro.
Si ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí y aún no sabe de qué va mi artículo, le digo que dos cosas me obligan a escribir: la vergüenza ajena y la preocupación.
Hasta hace unas semanas, del MAP apenas había leído lo necesario para saber que es una aberración. Pero de buenas a primeras se me han disparado las alarmas. Porque veo publicaciones al respecto, con la bandera en apariencia similar a la “bandera arcoiris”, porque hay memes y frases. El algoritmo de Facebook te encierra en una burbuja, entonces, ¿cómo llegan estas publicaciones a mi burbuja?
Pero si no bastara, hace poco más de 24 horas un post disparó las alarmas colectivas al establecer una comparación entre el movimiento LGBTIQ+ y el MAP, por aquello de que el matrimonio igualitario y el aborto eran hasta el otro día una aberración y ahora están reconocidos en leyes. Habla de adultos de 50 años autopercibiéndose como jóvenes de 20 y niños de siete años autopercibiéndose como adultos de 23 y olvida la esencia de todo y que un menor es incapaz de ofrecer el consenso. Si no bastara dice que estas comparaciones son un pretexto para llamar la atención al camino de Dios.
Ahora bien, ¿Cómo alguien puede establecer tamaña comparación y luego caer en una manipulación absurda para incitar a las personas a seguir la senda de Dios? Los Apóstoles Pedro, Pablo y Santiago deben estar revolviéndose en sus tumbas.
“Es solo un post”, dirán algunos. “En unas horas lo olvidarán” dirán otros. Pero la verdad es que es la punta del iceberg de los discursos manipuladores que el fundamentalismo religioso está llevando a diestra y siniestra por América Latina.
Cuba no es la excepción. Este post y los “me encanta”, los “like” y las veces compartido son la muestra. Para no hablar de los comentarios que defienden la postura y llaman a una comprensión lectora de quienes expresamos nuestro desacuerdo (para decirlo bonito) con semejante discurso de odio.
Solo me queda pedir perdón a los devotos por vocación, a los fieles que ven en las religiones el camino para hacer el bien, sin denigrar a otros, ni usar el nombre de Dios en vano, ni tergiversar discursos.
Yo, por lo pronto seguiré con las alarmas disparadas, con mi feminismo a flor de piel, las creencias a mi manera y mi postura inamovible de que la pedofilia no es ni será una orientación sexual.












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