La aplicación de las medidas procedentes para la primera etapa y su fase inicial de la recuperación pospandemia, ha tenido la favorable acogida por parte de la población, teniendo en cuenta la eliminación de prohibiciones que ahora se levantan para beneficio social.
Está claro que el inicio de esta etapa, y la declaración de cada una de sus fases, estarán en dependencia del comportamiento de los indicadores sanitarios, y el cumplimiento de las medidas orientadas, que permitan evaluar el avance en el enfrentamiento a la pandemia.
Lo anterior significa que habrá que respetar, al pie de la letra, medidas como el distanciamiento entre las personas, el uso del nasobuco y otras cuando se acceda al comercio, a los medios de transporte y otras actividades, las cuales exigen mantener el orden, la disciplina y el comportamiento social, acorde con el momento que vivimos.
Poco a poco iremos avanzando hacia el restablecimiento de la normalidad, la cual tendrá características muy propias, pues el enfrentamiento al Covid-19 ha dejado enseñanzas y experiencias que deberán incorporarse de manera permanente a la tarea de preservar la salud humana.
Hay otros asuntos que deberán acaparar la atención prioritaria de las autoridades, y de todos los elementos que integran nuestra sociedad, para que de verdad podamos restablecer la normalidad a la cual aspiramos y necesitamos.
Una de ellas está relacionada con el enfrentamiento a los violadores de precios de los productos que garantizan la alimentación de nuestro pueblo, y pienso que en ese aspecto no puede haber dilación ni permitir inmunidad a los transgresores.
Hasta cuándo esos precios abusivos que pululan prácticamente en todos los puntos de ventas no estatales y, en particular, los que imponen los ilegales que comercializan artículos como el aceite, el detergente y la leche en polvo a precios verdaderamente inaceptables.
No extiendo la relación de los productos que tienen que ver con la alimentación, pues se haría demasiado extenso este análisis si me detengo a detallar lo que está ocurriendo con los precios de los cárnicos, las viandas y otros, que atentan de manera agresiva contra el poder adquisitivo de los consumidores.
Pienso que en ese empeño de retornar a la normalidad, esto de los precios deberá tener la prioridad que amerita el caso. Y pongo punto final con este llamado que espero llegue a oídos receptivos: ¿Y el respeto a los precios pa’ cuando?












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